jueves, 26 de febrero de 2009

Juguetes.


Recuerdo el día en el que ella llegó a la tienda. Yo estaba desde lejos en uno de los estantes y la notaba nerviosa tras un suéter negro de capucha, era obvio que se ocultaba de algo, de todos. La vi escudriñar con la vista todos los estantes del establecimiento y de pronto divisó el lugar donde me encontraba junto a mis otros compañeros. Se dirigió hacía nosotros con paso apresurado y meditó unos escasos minutos sobre cual de nosotros elegiría.

Con un movimiento rápido (y para mi sorpresa) agarró la caja que me resguardaba, se dirigió a la caja y pago velozmente, y en segundos me encontraba dentro de su bolso, entre un pedazo de tela y libretas de universitaria. En ese espacio tan oscuro y reducido “temblaba” de miedo, sabía lo que venía a continuación, la primera vez de la que todos hablan y por la rapidez que noté en sus pasos, supe que ella también estaba ansiosa, tal vez por la misma inexperiencia que la que yo padecía. De pronto se detuvo, escuché una puerta abrirse y cerrarse en segundos y nuevamente otra puerta con el mismo procedimiento. Y luego, la luz…


Mi dueña me sacó del bolso, abrió la caja y salí de ella mostrándole toda mi extensión de esplendor, me dejo por unos segundos en la cama (creo que fue a cerciorarse de que la casa estaba sola). Luego volvió junto a mi me tomó en sus manos, y me daba vueltas y vueltas, cómo que no se creía que había gastado en algo que tal vez en otro momento podría conseguir gratis. Dejó de pensar y pasó lo que tuvo que pasar…

Cuando terminamos percibí la satisfacción en su forma de respirar. Yo me sentía orgulloso, como se deben sentir los demás cuando cumplen las expectativas en tamaños y movimientos. Ella me guardo en un cajón, y yo quedé esperando nuestro próximo encuentro. Tuve que esperar demasiado.


Pasé mucho tiempo en esa oscuridad. Pensaba que no la había complacido del todo. Había escuchado muchas veces que ellas suelen fingir y me aterrorizaba que lo hubiera hecho conmigo. Era mi primera vez y estaba nervioso, pero yo sabía que podía mejorar, digo, yo tenía una variedad increíble de velocidades. Pero sabía que tal vez otro encuentro estaba bastante lejano o tal vez no sucedería nunca mas, a juzgar por los ruidos de afuera estaba claro que había encontrado otro que lo hacía mejor que yo. Otro juguete con el paquete completo, con las caricias, con los susurros, con los besos, con la voluntad propia de darle placer…


Cuando ya me había hecho la idea de que viviría en ese cajón por toda la eternidad, escuche un sollozo afuera, a lo lejos. Al instante, algo azotó la puerta. El estar tan corto tiempo allá afuera no me dio la oportunidad de acostumbrarme a los ruidos así que no pude distinguir a que se debía todo ese bullicio. Al rato de todo aquello, una luz cegadora invadió el pequeño espacio donde me encontraba, seguida de una cara que me enamoró desde que entró aquella tarde a la tienda. Ahí estaba ella, mi dueña, que con unos ojos algo húmedos me miró, y su mirada pedía disculpas. No era necesario, mi condición no permitía enojarme con ella, estaba hecho para suministrar placer cuando el que pagara por mi lo necesitara. Como cuando los viejos amigos se encuentran y se cuentan las penas. Pues yo no la escucharía, pero la consolaría muy bien. Me tomó entre sus manos y, bueno, lo que pasó es obvio, pero queda entre nosotros dos…
(Imagen: "Sexuality Portrait Zoe" by neb8neb. www.deviantart.com )

Just Friends?


Tomaba una copa de vino con mi amigo Rafael. El era un chico muy lindo y desde que lo conocí le había tenido ganas, pero sentía que era tan buen amigo que no quería echar por la borda una amistad tan sincera como la de él.

Estábamos sentados en el sofá de mi sala, con la luz bastante tenue y se escuchaba al fondo un cd de Tracy Chapman. Hablábamos de todo un poco, de los estudios, de la política, de lo solteros que estábamos. Para ninguno de los dos era un secreto que hace bastante tiempo que no teníamos una relación que durara mas que el sabor del chicle, únicamente consoladores humanos con los que nos reuníamos de vez en cuando, para sentirnos por algún momento deseados por alguien, pero sin compromiso ni llamadas incómodas. Mientras hablábamos de todo eso vaciamos tres botellas de vino tinto, y como yo no estaba acostumbrada a beber tanto, mi espíritu se salió de control.

Le sugerí cambiar de fondo musical y el no tuvo problemas, lo vi levantarse y dirigirse a la computadora. Tardó un poco en poner música, y de pronto lo veo voltearse hacia mi con una mirada perversa y miro de nuevo la pantalla de la computadora, y empezó a sonar “Closer” de Nine Inch Nails, se acerco a mi y se sentó a mi lado y me dijo: “Y ahora, ¿de qué hablamos?

No tuvo que decir más, me levanté y me senté en su regazo al mismo tiempo. Enrollé mis piernas a su alrededor y empecé a besarlo furiosamente mientras el me apretaba contra su pecho. Nos convertimos en animales. De nuestra ropa no quedó a nada, salvo la tela despedazada que yacía en el suelo sin esperanzas de ser remendada.

Me tomo en las manos y de una manera casi acrobática se recostó del mueble conmigo encima. No quedó piel de mi cuerpo que no estuviera en contacto con sus labios, me sentí una presa sin más remedio que entregarse a las fauces del depredador. En un momento pensé que literalmente me iba a comer. Era tanto nuestro deseo que los movimientos posteriores fueron realmente salvajes, el sofá se movía de un lado a otro y las copas y las botellas que reposaban en la mesa que teníamos al lado cayeron, llenando de cristales rotos los jirones de lo que en un momento de la tarde nos vestía.

Se detuvo por un momento y me miró profundamente con una sonrisa pequeña en los labios, tal vez riéndose de la inocencia que quiero aparentar siempre y de la que no tengo ni una gota. Me deslizó por su cuerpo sudoroso hasta que sentí como me penetraba profundamente. Aquello era como me lo había imaginado desde que lo conocí, lo sentí tan dentro de mí que me fue imposible juntar dos letras para expresar todo lo que sentía en ese momento.

De lo que pasó después no estoy muy segura, mi mente se nubló y se entregó a las delicias de un orgasmo glorioso y si sé que fue bueno porque cuando volví en mi mis piernas temblaban y la humedad del sitio no era normal. Después de que las pasiones bajaron, caí rendida en su pecho, nuestras respiraciones no se acompasaban de lo rápido que iban, pero se ponían más lentas según pasaban los segundos, y algo de mi música sonaba al fondo, no tengo idea de cual era nuestra banda sonora…

Ya era de noche y aún estábamos desnudos, no mencionamos ni una silaba después de todo aquel placer. Sólo nos mirábamos, como si nos preguntáramos cómo es que habíamos echado a perder nuestra amistad de esa manera tan sucia. El jugaba con mechones de mi cabello mientras yo paseaba mis manos por sus brazos y otra vez. Sabía que duraríamos así un buen rato y que él no iría a ninguna lado (su ropa estaba echa nada).

Nunca había disfrutado tanto al ver que una amistad se arruinara, a lo mejor no estábamos destinados a ser buenos amigos. Mientras nos levantábamos del sofá para ir al cuarto sonaba al fondo “Just Friends” de Amy Winehouse. Son cosas de la vida ¿no?

(Imagen: "Where Friends Become Lovers" by dOlli3cOutur3. www.deviantart.com )